Política
Educativa i Renovació Pedagògica
Debat: Educació per a la Ciutadania
Anar a
La via valenciana o les ocurrències del conseller
EL PAÍS - Opinión - 31-10-2006
El Gobierno ha incluido la enseñanza de distintas formas de familia dentro de la nueva y controvertida asignatura de Educación para la Ciudadanía. Aunque al final ha cedido a las presiones de la Iglesia católica y sus colectivos educativos afines al suavizar el texto definitivo, sustituyendo la referencia a los "tipos de familia" por "la familia en la Constitución española", sigue incluyendo la enseñanza de que existen los núcleos familiares formados por matrimonios homosexuales, por un solo cónyuge o por parejas de hecho. Ni más ni menos es la realidad sancionada por la ley.
Por muchas quejas que suscite el texto por parte de los colectivos más conservadores, no sería razonable evitar que los adolescentes sepan que existe en nuestra sociedad una diversidad de opciones: el conocimiento es condición para la tolerancia y el respeto. Los padres de ideologías conservadoras son muy libres de enseñar a sus hijos que la homosexualidad es una "perversión" o una enfermedad, y que no hay más familia que la heterosexual; pero deben ser igualmente conscientes de que la escuela tiene obligación de informar de que se trata de una opción perfectamente legal asumida por muchos, con la que deben acostumbrarse a convivir quienes no la aceptan. La educación es la mejor medida de prevención contra la violencia o la discriminación. No es admisible ocultar por razones ideológicas o religiosas situaciones reguladas por ley al amparo de la Constitución, como los matrimonios gays. La legislación debe ponerse por delante de esto.
La inclusión en esta asignatura de referencias a la necesidad de que los alumnos aprendan a respetar la libertad de opción sexual es una de las aportaciones más novedosas. El combate a los prejuicios y las actitudes tanto homófobas como sexistas o racistas debe hacerse desde la escuela. El hecho de que se imparta como una asignatura concreta y no dentro de otras materias, como historia o filosofía (como ocurre ahora con la enseñanza de otros valores, como educación para la paz o medioambiental), aporta una mayor garantía de que se va a dedicar un tiempo específico a tratar estas cuestiones. La defensa de un modelo determinado de familia, como hace la Iglesia católica o los centros concertados religiosos, no puede privar a ningún alumno del conocimiento de las realidades sociales diversas que existen, de su libertad para elegir la que prefiera y del respeto a los que escojan otras distintas.
Educación
para la ciudadanía incluirá la crítica a los "prejuicios homófobos"
El Gobierno suaviza el decreto, pero mantiene la enseñanza de las familias gays
y monoparentales
SUSANA PÉREZ DE PABLOS - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 30-10-2006
La crítica a los prejuicios "homófobos y sexistas" y el rechazo a la discriminación "por razón de la orientación afectivo-sexual" forman parte de los contenidos de la nueva asignatura de educación para la ciudadanía. Tras la polémica creada por las organizaciones educativas católicas y conservadoras por la inclusión del estudio de los "tipos de familia" en los primeros borradores de los reales decretos sobre esta materia, finalmente, en el definitivo el Ejecutivo ha optado por una fórmula suavizada: el estudio de "la familia en el marco de la Constitución española". A pesar del cambio, esta nueva redacción seguiría incluyendo la enseñanza de que existen las familias formadas por matrimonios gays, monoparentales o por parejas de hecho.
Una vez oídas las opiniones de los expertos, se ve la relevancia que tenía que el Gobierno decidiera llamar a estas uniones exactamente igual que a las heterosexuales, matrimonios, para garantizar su igualdad de derechos, en este caso, a la hora de asegurar su enseñanza en el ámbito escolar. A esa igual denominación se opusieron el PP y la Iglesia frontalmente.
"No hay ninguna duda, los matrimonios homosexuales existen y son constitucionales, por lo que se incluyen en esas enseñanzas", explica el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan José Solozábal.
En la definición "la familia en el marco de la Constitución española" se deben incluir "todas las posibilidades que son lícitas constitucionalmente".
Esta nueva asignatura se incluyó en la Ley Orgánica de Educación (LOE), es obligatoria y evaluable como la lengua o las matemáticas, fue aprobada el pasado abril y empezará a entrar en vigor el próximo curso. Sin embargo, la enseñanza de esta materia en ESO puede retrasarse un año más, según el calendario de implantación de la norma y, en primaria, hasta el curso 2009-2010.
La Constitución recoge, en el artículo 32, el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y añade que "la ley regulará las formas de matrimonio", entre otras cosas. Aunque es altamente improbable que en 1978 los padres de la Constitución pensaran en la regulación de los matrimonios gays al elaborar ese artículo, sí es posible que su redacción ampare ahora esta nueva "forma" de matrimonio, según Solozábal. "La referencia a formas de matrimonio abre la posibilidad a este tipo concreto, dejando al legislador que establezca las condiciones del matrimonio, entre las que estaría también, por ejemplo, los lugares en los que se puede celebrar".
De la misma opinión es el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, Javier Pérez Royo, quien considera que con la nueva redacción de este aspecto en el decreto "se deben incluir todos los matrimonios que están regulados por ley". "Son uniones reconocidas en el derecho constitucional y, por lo tanto, pueden constituir una familia y, en algunas comunidades autónomas, adoptar hijos, y no se pueden dejar de enseñar", añade Pérez Royo, y pone un ejemplo. "Es como si en una clase de derecho civil de la facultad al llegar a la explicación del matrimonio no se contara que está regulado el matrimonio homosexual. El derecho es independiente de la voluntad de cada uno".
Parece claro, por tanto, que la nueva y definitiva redacción del decreto garantiza la enseñanza a los alumnos de ESO de la existencia no sólo de las familias constituidas por parejas gays, sino también las formadas por mujeres u hombres que han decidido tener o adoptar hijos ellos solos o las parejas de hecho que han formado una familia.
Tanto en los contenidos como en los objetivos y la evaluación de esta materia aparecen además referencias a la libertad de opción sexual. Por ejemplo, uno de los criterios de evaluación es identificar y rechazar las situaciones de discriminación, entre otras, "hacia personas de diferente orientación afectivo-sexual". Los contenidos incluyen la crítica de prejuicios diversos, como los "homófobos y sexistas" y los objetivos, el rechazo a las discriminaciones por cuestiones como la orientación afectivo-sexual y por razón de sexo.
Con la creación de esta materia, la intención del Ejecutivo ha sido hacer hincapié en la enseñanza de valores constitucionales y democráticos, sin entrar (ya que se enseña sólo en dos cursos) en temas más concretos (como la educación vial), que se enseñan dentro de otras asignaturas. Tal y como dice el texto, se pretende que "la juventud aprenda a convivir en una sociedad plural y globalizada" y "fomentar la reflexión" de los alumnos sobre sus contenidos.
Éstos están divididos en cinco bloques o temas generales, que son: las destrezas en la exposición de opiniones y el análisis de las informaciones; las relaciones personales; los deberes y derechos ciudadanos; los valores democráticos actuales, y los compromisos como ciudadanos de un mundo globalizado.
El tema más polémico, junto a la alternativa a la religión
S. P. DE P. - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 30-10-2006
El Gobierno ha mantenido reuniones con numerosas organizaciones educativas antes de decidir la redacción definitiva de este decreto. La educación para la ciudadanía es, junto a la materia alternativa a la religión, una de las cuestiones de la reforma de la LOE que más dolores de cabeza ha dado al Ministerio de Educación. La educación en valores fuera del ámbito familiar ha despertado siempre los temores de diversos sectores sociales.
El PP y la Iglesia consideran que educación para la ciudadanía abre la puerta al "adoctrinamiento" y los obispos han hecho un llamamiento a los padres de los alumnos a la objeción de conciencia. Pero detrás de ese rechazo, uno de los aspectos que más les disgustaban era precisamente que se hablara en las aulas de la existencia de "familias gays". Hay que recordar que el PP tiene recurrida la ley de los matrimonios gays (se trata de una reforma del Código Civil aprobada el 30 de junio de 2005) al Constitucional.
La enseñanza de estas "formas de familia" en el ámbito escolar pretendían evitarla organizaciones educativas como la Federación de Religiosos de la Enseñanza (FERE-CECA), la más representativa en la educación privada concertada, y la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), una organización más minoritaria y extremista que la anterior. Hasta el punto que ha advertido que, si se incluyen cuestiones como la enseñanza de los distintos tipos de familia, editará sus propios textos para los colegios privados y concertados que forman parte de ella.
Esto es posible, ya que hace unos años se eliminó el llamado control previo de los libros de texto, aunque luego estos son revisados para ver si cumplen con la ley. ]
Ciutadans integrats, ciutadans desintegrats.
Falta que fa un currículum d'Educació per a la Ciutadania per una ciutadania diversa.
Joan Pau Cimarro (membre del SN STPV-Iv)
El passat mes de juny, i en una estranya roda de premsa amb diverses asociacions i ONG, el MECD va presentar l'esborrany de curriculum de la futura assignatura d'Educació per a la Ciutadania que ha d'impartir-se al final del tram de Primària i Secundària Obligatòria a partir del curs 2008-2009. El document també conté un full amb la competència bàsica de ciutadania que ha de contindre tot el curriculum. Els curriculum que, en aplicació de la LOE, hauran d'impartir-se els pròxims cursos escolars han d'estar enllestits, per a disposició de les comunitats autònomes i la seua publicació en ús de les seues competències, abans del mes de desembre.
Sembla mostrat, per les diferències partidàries, eclessials i governamentals que la futura assignatura és un dels camps de batalla de l'aplicació de la nova llei d'educació. Els representats de la conferència episcopal han proclamat la possibilitat, en ús del dret d'objecció de consciència, d'aconsellar a les families a no cursar l'assignatura donat que la presumpta educació en valors laïcistes defensada en la mateixa pot ofendre les seues creences religioses. Malauradament el debat és producte d'un seguit d'intoxicacions politiques propiciades per un debat allunyat de la prudència i consens que l'aplicació de la nova legislació educativa necessita.
Educació per a la Ciutadania en el context institucional europeu.
Ja al mes de desembre de 2004 la Comissió Europea aprovà una sèrie de mesures on s'inclou la directriu de reforma dels plans d'estudis del estats membres. Aquesta directiu aconsella la necessitat d'incloure mesures educatives per tal d'afrontar la problemàtica de la ciutadania europea en el contaxt dels constants canvis econòmics i demogràfics en marxa i l'impacte d'aquestos procesos en la identitat europea. Deixant palesa la evidència que els estats membres de la UE s'han convertit ja fa temps en terra d'acollida, sobre tot dels habitats d'Àfrica, i d'Àsia i Amèrica també, aquesta acollida no pot amenaça la cohesió social i cultural. El fracàs de les politiques d'integració evidenciat per actes violents de les minories d'inmigrants de trecera generació a Europa és un dels reptes culturals de la Unió Europea.
La mateixa Comissió Europea, en reunions posteriors, ha evidenciat en les politiques educatives aprovades en aquest sentit estan lligades a la preocupació institucional per les dificultats de la integració social. Les mostres, com les que provoquen reaccions hostils extremes, com les que pugueres mostrar els actes terroristes a Madrid i Londres o l'augment de la xenofòbia i el racisme, són qüestions que necessiten també tractament als sistemes educatius.El projecte d'Educació per a la Ciutadania esdevé, per tant, un instrument amb el suport de les institucions europees i un compromís de la Unió. En aquest context resulta extemporània i local la reacció dels representants episcopals catòlics espanyols i únicament pot entendre's en el context de les agresives polèmiques locals que enfronten la dreta religiosa espanyola amb la invasió “laicista” protaganitzada per les politiques de la socialdemocràcia espanyola. La polèmica sobre l'assignatura de religió catòlica, ha d'estar al mateix nivell que les assignatures fonamentals segon el Concordat, també actua de soroll de fons.
Educació en valors i informació sobre els valors.
Ja la reforma LOGSE a 1989 va estudiar la possibilitat s'una assignatura que, amb el títol Educació per a la Convivència, s'impartiria al curs 4t d'ESO. El disseny curricular la va incloure per a la seua avaluació, amb el nom d'Ètica, a l'àrea de Ciències Socials, Geografia i Història, la qual cosa va implicar l'enfrontament entre especialistes al atribuir-se la docència a Filosofia. La cosa va acabar, com era lògic, amb la segregació de l'assignatura a Filosofia i amb un curriculum híbrid entre la introducció a la Ètica i l'anàlisi de problemes sociològics contemporanis. Amb dues hores setmanals la cosa era fàcil que quedara en no-res.
A més a més els intents d'educació en valors han quedat arraconats a les àrees transversals, ignorades sistemàticament a la Secundària. Aquest desconeixement de les àrees transversals, amb més que interessants excepcions, està provocat per la separació de departaments didàctics, les assignatures, incomunicats entre si i per una tradició acadèmica especialista que parla llenguatges diferents com a “professors” mai com a “educadors”. La formació inicial de llicenciatura, separada de la realitat pràctica de la vida de l'heterogenia de l'alumnat adolescent és una altre dels dèficits pendents de solució.
Un curriculum academicista és un dels defectes d'arrel de l'esborrany de curriculum presentat pel ministeri, no debades, entre voluntaris de ONGs. La recent reunió realitzada el passat mes de juliol, amb la presència dels notables inspiradors de l'assignatura, ja va proposar la realització de temaris i oposicions on puguen accedir els futurs especialistes per formar ciutadans. Segons els experts reunits al fòrum “La educación para la ciudadania en el contexto escolar europeo” el professorat de Història i Filosofia, als que a priori pot aplicar-se l'atribució docent de la futura assignatura, necessiten de major qualificació per impartir-la.
Finalment uns breus apunts crítics a la proposta d'assignatura d'Educació en la Ciutadania: ¿no seria més pràctic educar als alumnes en la participació democràtica responsable en la comunitat educativa i en els centres educatius?¿algú pensa que amb dues hores setmanals es forman els futurs ciutadans?
València,setembre de 2006.
Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos
Luis María Cifuentes Pérez es catedrático de Filosofía y miembro de la Fundación CIVES y la Liga Española por la Educación y la Cultura Popular.
EL PAÍS - 18-09-2006
Una de las preguntas que de modo reiterado se está haciendo una gran parte del profesorado de infantil, primaria y secundaria de toda España en el último año es por qué ahora se habla tanto de educación para la ciudadanía en la reforma del sistema educativo que se va implantar con la nueva ley educativa, la LOE; los profesores de todas las etapas educativas están a la expectativa de esta nueva área de conocimientos que tanto debate político y mediático ha originado en torno suyo a lo largo de los dos últimos años. ¿Es que se trata de una materia totalmente nueva? ¿De dónde deriva su importancia educativa? ¿Por qué se ha originado un debate tan enconado sobre esta nueva área o materia de conocimientos?
Para responder adecuadamente a éstas y a otras cuestiones relacionadas con la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, es conveniente repasar un poco la historia de la educación en nuestro país en los últimos años. Es preciso resituar el sentido de la educación cívica y ética en la filosofía de la educación que se introdujo en España con la LOGSE; me refiero al concepto de educación explicitado en la LOGSE y referido a los valores y a las actitudes que, según aquella ley, debían impregnar de modo transversal todo el sistema educativo.
Aquella idea de transversalidad no era ni es una manía de los Gobiernos socialistas ni una deformación profesional de un grupo de psicopedagogos, sino que deriva de la mejor tradición educativa y moral de nuestro país: la de la Institución Libre de Enseñanza (1876). Su fundador, Francisco Giner de los Ríos, Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Madrid, tuvo siempre una idea de la educación vinculada a la ciudadanía, a los valores morales y a la regeneración cultural, política y moral de los ciudadanos españoles. Su filosofía de la educación, basada en los ideales de una ética laica, de valores como la libertad, la igualdad y la justicia sigue siendo el elemento inspirador más importante de esta novedad educativa denominada Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.
Su idea de la tolerancia positiva, de la neutralidad del Estado ante las religiones y su aprecio por todas las tradiciones morales y religiosas siguen siendo lo que ya fue en la vida y obra de los institucionistas, el mejor antídoto contra el fanatismo, la xenofobia, la intolerancia y la violencia que amenaza a las democracias modernas.
Sin embargo, la educación para la cuidadanía no es solamente una cuestión que interese a las autoridades educativas españolas. En los sistemas educativos europeos, bajo distintas denominaciones y modelos, existe desde hace años un tipo de área y materia que aborda los mismos temas que nuestra nueva área de conocimientos. En unos países como Bélgica, Suecia, Italia y Alemania esta materia es transversal (cross curricular, en inglés); y en otros, como Francia e Inglaterra, es una materia específica en la secundaria; pero en todos esos países es un tema al que las autoridades educativas prestan mucho interés. Por ello, a lo largo de 2005, se ha celebrado en toda Europa, impulsado por el Consejo de Europa, el Año Europeo de la Ciudadanía, y durante ese año se han realizado en muchos países encuentros, seminarios y actividades en los que se ha tratado sobre la educación del ciudadano europeo.
Europa, como continente y, sobre todo, la Unión Europea, se enfrentan a una serie de problemas comunes como la cohesión social, la inmigración, el pluralismo religioso y moral, etcétera, ante los cuales necesita apoyarse en el sistema educativo para crear una conciencia cívica democrática que colabore en la prevención de posibles conflictos en el seno de sus sociedades. No se trata de un asunto menor, sino que se está poniendo en juego la identidad política, jurídica y ética de los sistemas democráticos europeos. Baste recordar el problema del rechazo en algunos países de la Constitución europea que está paralizando los avances sociales y políticos de toda La Unión.
La cohesión social, la participación en la vida democrática del centro escolar, la educación en el respeto a la diversidad sexual, cultural, moral y religiosa de todos los alumnos y alumnas son elementos que exigen una educación cívica, sea de modo transversal o sea de modo específico por medio de un currículo propio. Ésos son los retos teóricos y prácticos a los que se enfrenta la educación para la ciudadanía en España y en toda Europa; por eso, tienen razón quienes señalan que los valores cívicos y las conductas democráticas no se deben aprender solamente como una teoría, sino que son ante todo una práctica, un saber hacer, un saber vivir; pero también tienen buenas razones los que afirman que es muy conveniente que exista un profesorado especialista que reflexione específicamente sobre estos temas y que informe y forme adecuadamente a los niños y adolescentes en el plano teórico sobre los fundamentos de la democracia y del civismo.
Para actuar democráticamente es muy oportuno conocer los elementos teóricos, históricos y sociales que han contribuido a la construcción de la democracia en España y en el mundo; porque la conducta democrática no es espontánea e irreflexiva, no es una actitud innata en el individuo, sino que los valores y normas democráticas necesitan un aprendizaje en el ámbito familiar y escolar para que el ejercicio de la ciudadanía sea consciente y maduro.
El modelo de la transversalidad no ha dado todos los frutos que de él se esperaban, debido a diversas causas. El fracaso ha sido más evidente en los institutos de secundaria en los que la tradición de un profesorado especialista no ha sabido o no ha podido adaptarse fácilmente a las nuevas exigencias de la educación actual. La LOE ha optado por un modelo mixto de educación para la ciudadanía que recoja lo mejor de las experiencias de transversalidad que se han producido en los últimos años, pero que también profundice en los institutos de secundaria en la reflexión sobre los fundamentos de la educación ético-cívica y de la democracia y que potencie la participación de todos en la vida escolar. La educación ético-cívica no es solamente una cuestión teórica, sino que tiene una dimensión práctica muy importante. Si se consigue que el profesorado comprenda bien la propuesta del ministerio y se forme adecuadamente para impartir la nueva materia, el sistema educativo español y la calidad democrática de nuestra sociedad mejorarán considerablemente.
La educación para la ciudadanía
Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho y rector de la Universidad Carlos III de Madrid.
EL PAÍS - Opinión - 18-09-2006
En círculos eclesiásticos y educativos católicos algunas personas me atribuyen la paternidad de la idea de la nueva asignatura de la Educación para la ciudadanía. Es totalmente incierto, aunque es verdad que siempre he defendido esa perspectiva y muchas veces he recordado que cuando mi padre estudiaba el bachillerato, en los años veinte del siglo pasado, cursó una asignatura que se llamaba entonces "Rudimentos de Ética y Derecho". Su impulsor fue el profesor Verdes Montenegro, que tenía un libro sobre el tema que no he podido consultar. Seguramente, la aseveración de mi paternidad en el tema deriva de la deducción interesada de estos antecedentes. Me gustaría haber influido en ese nacimiento concreto, pero lo cierto es que no he participado en él y que tampoco me han preguntado por posibles contenidos.
Cuando se ponga en marcha, sin duda podremos contribuir a la formación de profesores desde el Instituto "Bartolomé de las Casas", que dirige el profesor Rafael de Asís y cuyo profesorado tiene mucha experiencia en los temas que suponen el contenido de la asignatura.
Para no decepcionar a quienes me indican como autor de la idea y sin que nadie me lo haya pedido, voy a proponer unos contenidos para la asignatura, que naturalmente someteré a cualesquiera otros mejor fundados y justificados.
En otro artículo, "Las luces y las sombras", indiqué el origen intelectual de la pretensión de la Iglesia católica de monopolio en la formación en valores. Estamos ante un residuo que se acabó en el siglo XVIII y que en algunos casos se prolongó en el siglo XIX. España fue la excepción y se puede decir que, con la dictadura franquista, la presencia predominante de la Iglesia en la educación permaneció hasta la transición. La Constitución de 1978 no tuvo una reacción contra ese modelo, sino que lo racionalizó, lo favoreció y lo impulsó desde el derecho fundamental a la libertad de enseñanza. Por primera vez los colegios privados pudieron ser subvencionados para concertarse en apoyo de la enseñanza pública. Pero es sabido que la Iglesia-institución no se conformó con eso, sino que en las Comunidades Autónomas con Gobierno del Partido Popular se hizo una interpretación extensiva y no sólo han subvencionado muchos centros privados, especialmente pertenecientes a grupos religiosos integristas, sino que les han regalado terrenos públicos para hacer más fácil su instalación. En muchas ocasiones esas situaciones se han producido en detrimento de la enseñanza pública, a la que se ha cargado con la honrosa tarea de educar a los hijos de los emigrantes. Muchos colegios religiosos, afortunadamente no todos, olvidaron algunos valores evangélicos y no colaboraron en la tarea. No quisieron afrontar las dificultades y las complicaciones de educar a niños y a niñas que procedían de unas culturas diferentes. Nada de esto ha sido suficiente y ahora se consideran con derecho a monopolizar los valores como si todos los ciudadanos fueran creyentes y no estuviéramos en un Estado aconfesional.
Mi propuesta parte de la competencia plena de las autoridades públicas para fijar esos contenidos mínimos de la educación para la ciudadanía.
El primer bloque debe partir de la distinción entre la ética pública y la ética privada y del análisis de los contenidos de la ética pública democrática: idea de dignidad humana, valores constitucionales, derechos fundamentales y principios del Gobierno democrático (mayorías, respeto a la Ley, obediencia al Derecho, sometimiento de los gobernantes a la Ley, etcétera).
El segundo bloque debe desarrollar las relaciones entre el poder democrático y su Derecho: legitimidad de origen y de ejercicio del poder, la Constitución como norma básica, el ordenamiento jurídico, la jerarquía de las normas y las garantías, especialmente judiciales de respeto al Derecho. En este bloque debe dedicarse especial atención a diferenciar entre los contenidos, valores, principios y derechos y los procedimientos de funcionamiento de los órganos y las instituciones, de la aprobación de normas jurídicas y de actuación de los funcionarios y de los ciudadanos. De los primeros se puede discrepar, aunque sea de los aspectos más básicos. A los segundos hay que ajustarse en todo caso. En ello va la propia existencia de la democracia. El uso de las libertades de expresión, de prensa, de reunión o de asociación permite la disidencia, incluso la más radical, siempre que no se traspase el límite del claro y presente peligro de llegar a situaciones de violencia. Con un buen programa, este segundo bloque debe concluir con la idea de ciudadanía, sus requisitos y sus contenidos.
El tercer bloque debe ocuparse de modelos de casos difíciles. Así, se debe explicar en qué consiste la objeción de conciencia; los problemas de las minorías raciales, lingüísticas, culturales, de orientación sexual; los derechos de la mujer, con especial dedicación a los problemas de violencia de género; y, finalmente, el medio ambiente, el derecho al aire limpio, al agua limpia, a la no contaminación, a la preservación del entorno natural, etcétera.
Finalmente, la educación para la ciudadanía debe situarse en el marco europeo, en el valor y en las instituciones de la Unión Europea, que es nuestro entorno institucional, social y cultural. El rechazo de la violencia y de la guerra, el valor de las organizaciones humanitarias, la lucha contra la pobreza y contra la explotación de los hombres y de los pueblos, debe enmarcarse en los principios y los valores de la comunidad internacional y de Naciones Unidas.
Debe cuidarse mucho la preparación del profesorado, e incluso crear profesores propios de Educación para la ciudadanía. En todo caso, la atribución mayoritaria de esas enseñanzas a profesores de Filosofía o de Historia debe ser completada con una formación específica que les prepare para explicar los principales conceptos de la materia.
Nadie puede temer a esos contenidos ni afirmar que pretenden una manipulación ideológica. Al contrario, son esenciales para afirmar y fortalecer la democracia y la Constitución en la formación de las generaciones futuras.
Intermón hace una propuesta de contenidos sobre Educación para la Ciudadanía EL PAÍS - 14-11-2005
Preparar a los alumnos para el ejercicio de la ciudadanía "fomentando el respeto y la valoración de la diversidad, el aprecio por el medio ambiente y el consumo responsable, por los derechos humanos...". Ésta es la propuesta, Educar para una ciudadanía global, que la ONG Intermón Oxfam ha presentado al Ministerio de Educación para llenar de contenido la asignatura Educación para la Ciudadanía. Esta materia, que en un principio se planteó como nueva alternativa a la clase de religión, finalmente se impartirá en uno de los tres primeros cursos de la educación secundaria y en otro de los tres últimos de la primaria, una vez se apruebe la Ley Orgánica de Enseñanza (LOE).
La propuesta de la ONG gira en torno a renovar la idea de ciudadanía hacia un concepto "que favorezca la integración e inclusión de las personas en la sociedad actual y que estimule la participación ciudadana desde los principios de democracia y corresponsabilidad. En definitiva, una ciudadanía global, crítica e intercultural, activa y responsable", dice el texto de la ONG.
Hasta ahora, la principal proposición de contenidos la había hecho la cátedra de laicidad de la Universidad Carlos III, que promovía una materia impartida por tutores en primaria y profesores de filosofía e historia en secundaria, y que contemplaría contenidos como el "patriotismo constitucional", la violencia machista, la vida en pareja o cuestiones bioéticas.
Objetivo global
La propuesta de Intermón, por su parte, hace honor a su título y recoge un
objetivo global, esto es, pretende "educar para transformar el mundo en que
vivimos". Proponen, pues, una asignatura impartida desde "una perspectiva de la
justicia en la que se reconoce que la educación no puede ser nunca neutral, sino
que es precisamente la educación la que tiene que proporcionar al alumnado un
posicionamiento en el momento de elegir entre mantener el mundo tal y como está
o participar en su transformación en favor de la justicia para todos". Pero, eso
sí, siempre mediante la participación activa del alumnado, "proponiendo una
educación para, no un adoctrinamiento", explica el texto de Intermón.
En concreto, estos valores se materializarían en contenidos agrupados bajo los siguientes epígrafes: Medio ambiente, desarrollo sostenible y equidad; Salud individual y colectiva; Identidad y diversidad cultural; y Formas de Gobierno, democracia y participación ciudadana.
Y entre las competencias que se pretende que adquiera el alumnado con todo ello destacan la dimensión ética del conocimiento y de los actos, el bien general sobre el particular, el bien público como responsabilidad compartida o el respeto por las minorías.
EL PAÍS - Sociedad - 11-06-2006
El cardenal Cañizares dice que la asignatura Educación para la Ciudadanía ataca a la familia
El vicepresidente de la Conferencia Episcopal y cardenal de Toledo, Antonio Cañizares, dijo ayer que el sistema educativo "es una de las peores cosas que le está pasando a la sociedad española" y que la asignatura Educación para la Ciudadanía "es un ataque más a la familia", porque plantea "un relativismo moral y una relación instrumental entre los hombres". "El problema está en la concepción educativa que hay detrás de la Ley Orgánica de Educación (LOE). La sociedad no se está dando cuenta de esta situación", afirmó en una conferencia sobre El futuro de la familia en las XIX Jornadas de la Asociación de Grupos de Estudio de Actualidad (AGEA).
El cardenal instó a los padres "a que no permitan que sus hijos sean educados por otros". "No permitamos aquellos aspectos de la educación que van en contra de la verdad del hombre". Cañizares considera la educación "inseparable" de la familia. "Cualquier usurpación de la educación en la familia es también un atentado" contra ella. El prelado explicó también que la crisis de la familia se debe "a un ambiente de hedonismo, permisividad, insolidaridad y pérdida del sentido de la verdad y de Dios", y a que las políticas familiares que se están llevando a cabo en Europa y, en especial, en España, "no están dando soluciones". "España camina hacia una deriva que le augura a la familia muy poco futuro", dijo en alusión al llamado divorcio exprés, la futura ley de identidad de género y la del matrimonio entre homosexuales.
TRIBUNA: ¿CÓMO PUEDE CONTRIBUIR LA ESCUELA A FOMENTAR LA DEMOCRACIA?
Josep Maria Puig Rovira es catedrático de Teoría de la Educación de la Universidad de Barcelona
EL PAÍS - Opinión - 25-06-2006
La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos está recibiendo alabanzas y críticas. No podía ser de otro modo. Una de las mayores controversias recuerda un debate clásico: ¿la ciudadanía realmente puede enseñarse y, en caso de una respuesta afirmativa, se puede enseñar mediante una asignatura? Veamos las posturas en litigio.
Las opiniones favorables a esta asignatura se basan en una idea clave: no nacemos siendo buenos ciudadanos, ni tampoco basta con pertenecer a una sociedad democrática para llegar a ser verdaderos demócratas, nos hacemos ciudadanos de una democracia en buena parte gracias a la educación. Las regulaciones legales y las formas sociales pueden encauzar el comportamiento, aunque por sí solas no garantizan la convicción cívica necesaria para lograr una óptima convivencia democrática. Por tanto, llegar a ser un buen ciudadano requiere un esfuerzo formativo y para hacerlo efectivo lo mejor es dar a la ciudadanía rango de asignatura.
Entre quienes no desean una asignatura de ciudadanía, la argumentación más frecuente acepta la necesidad de educar para la ciudadanía, pero rechaza convertir esa tarea formativa en una simple asignatura. Se afirma que para formar ciudadanos de nada sirve la información que proporcionan los libros de texto y el profesorado. Ser ciudadano de una democracia tiene que ver con ciertos rasgos de carácter y hábitos de comportamiento que no se adquieren mediante el saber que dispensan las asignaturas. Llegar a ser un correcto ciudadano demócrata se consigue ejercitando las virtudes cívicas en las múltiples ocasiones que proporciona la vida de los centros educativos. Se trata de una educación para la ciudadanía omnipresente, compartida por todo el profesorado, y transversal.
Las dos posturas tienen parte de razón. Conviene defender una asignatura porque proporciona la oportunidad de reflexionar sobre conocimientos que pueden motivar la convivencia democrática. Pero también conviene defender la implicación de los jóvenes en actividades que repetidamente pongan en juego hábitos cívicos. Educar para la ciudadanía requiere reflexión y experiencia. Visto, pues, que lo necesitamos todo, si no hubiese asignatura, se debería recomendar. Pero como la tendremos, se debe recomendar vivamente la realización de actividades prácticas: algo así como unas prácticas de ciudadanía.
¿Qué entendemos por prácticas de ciudadanía? Se trata de algo sencillo, las prácticas de ciudadanía son todas las oportunidades que ofrecemos a nuestros jóvenes para que realicen actividades que les preparen para la ciudadanía, actividades que les permitan cultivar virtudes cívicas. Cuando reducimos las clases magistrales para en su lugar entablar debates sistemáticos y reposados con los alumnos, les estamos ofreciendo una oportunidad de entrenar hábitos de ciudadanía. Cuando impulsamos la participación del alumnado en las reuniones de clase o de delegados para regular la convivencia y considerar la marcha del trabajo escolar, les estamos ofreciendo una oportunidad de degustar valores cívicos. Cuando establecemos sistemas de aprendizaje cooperativo en los que el trabajo y el éxito son colectivos, les estamos enseñando contenidos y a la vez preparando en valores que les serán de utilidad en su vida profesional y ciudadana. Son algunas de las muchas modalidades de prácticas que podrían completar la asignatura de educación para la ciudadanía.
Los ejemplos que hemos aducido son prácticas de ciudadanía conocidas, aunque quizá no siempre se apliquen con la tozudez que requiere la educación. Sin embargo, desearía acabar presentando una modalidad de práctica de ciudadanía, el aprendizaje servicio, menos conocida, pese a que ya contamos con muy buenas realizaciones. ¿Qué es el aprendizaje servicio? Se trata de una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado. Un proyecto en el que los participantes se forman al enfrentarse y trabajar sobre necesidades reales de su entorno social y lo hacen con el objetivo de mejorarlo. Trabajan en favor de la comunidad y a la vez se forman en una doble dirección: aprenden conocimientos curriculares relacionados con la actividad de servicio y además aprenden virtudes y valores cívicos que se ponen en juego a lo largo del proceso que sigue dicha actividad educativa.
Cuando un centro pide voluntarios entre su alumnado y los forma para recibir y guiar a chicos y chicas inmigrantes que se incorporan a lo largo del curso, está ofreciendo a los voluntarios una experiencia educativa de primera magnitud. Cuando un banco de sangre monta un sistema de colaboración con las instituciones educativas para proporcionar formación científica sobre los temas que le son propios y a la vez pide colaboración a los jóvenes para dinamizar una campaña de donación de sangre en su barrio, está contribuyendo a que tomen conciencia de una necesidad no siempre visible y les da oportunidad de ejercer una acción cívica de solidaridad. Cuando varios centros educativos de una población y una asociación interesada en la historia local montan un sistema de recuperación de la memoria histórica, a través de la narración oral que las personas mayores dirigen a la pareja de alumnos reporteros que les ha correspondido, están creando una actividad con múltiples objetivos: conocer una época histórica de la ciudad, relacionar jóvenes y ancianos, responsabilizar a los alumnos en una tarea cívica de recuperación del pasado que luego se mostrará al conjunto de la población y, sin duda, en este caso, aprender historia y sociales. Tres ejemplos de aprendizaje servicio de entre los muchos que puede ofrecer una tan versátil metodología pedagógica.
Si conseguimos reconocer el servicio a la comunidad, en sus múltiples formas, como uno de los mejores ingredientes de la Educación para la Ciudadanía, la habremos convertido en una asignatura con prácticas de verdad. Un modo a la vez reflexivo y experiencial de adquirir valores y virtudes cívicas.
El Foro de la Familia llama a los padres a boicotear la asignatura de Educación para la Ciudadanía
EL PAÍS - Sociedad - 15-07-2006
El Foro Español de la Familia llamó ayer a los padres a la insumisión en los colegios a partir del curso 2007-2008, fecha en que está prevista la entrada en vigor de la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. En un comunicado difundido ayer, proponen a las familias que "en nombre de la libertad, ejerciten el derecho de objeción de conciencia y se nieguen a que sus hijos asistan a las clases" de dicha materia.
También ponen a disposición de los padres "asesoramiento jurídico de forma gratuita, proporcionando los modelos de escritos y recursos a presentar para defender su derecho a formar la conciencia de sus hijos". Para animar a la participación, el Foro advierte de la conveniencia de juntar hasta un millón de progenitores dispuestos al boicoteo porque "el Estado no podrá hacer nada contra un millón de padres comprometidos con la educación de sus hijos".
En el comunicado rechazan también la "transmisión de valores morales y las ideas concretas del Gobierno sobre el matrimonio y la sexualidad, y en particular la teoría de la filosofía de género sobre distintos tipos de familia" que ellos entienden implícita en la asignatura. Esta protesta se produce tras la publicación, ayer en este periódico, de la iniciativa del Gobierno de enseñar a los escolares que existen varios tipos de familia, entre ellas las formadas por homosexuales, dentro de la asignatura Educación para la Ciudadanía.
El portavoz del Foro, Benigno Blanco, cree que la "instrumentalización ideológica de la nueva materia está en consonancia con los totalitarismos del siglo XX". El Foro Español de la Familia se fundó en 1999 como entidad "civil, no confesional" de defensa de la familia tradicional. Engloba a cerca de 5.000 asociaciones, entre ellas la Asociación Católica de Propagandistas y la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa). Aseguran que representan a seis millones de padres y convocaron las manifestaciones en Madrid contra el matrimonio homosexual, en junio de 2005, y contra la LOE, en noviembre. Su presidente es el ex magistrado del Constitucional José Gabaldón. El portavoz, Blanco, ha sido dos veces secretario de Estado con José María Aznar.
El secretario general de Educación, Alejandro Tiana, insitió ayer en que no se hagan interpretaciones de una asignatura cuyo currículo está aún en proceso de elaboración, informa Servimedia.
Una iniciativa parlamentaria aprobada el 21 de junio en el Congreso, señaló la importancia de transmitir desde la escuela el respeto a la diversidad y el rechazo a la homofobia.
Educación
para la Ciudadanía abre la puerta al "adoctrinamiento", según la Iglesia y el PP
Cañizares apoya el llamamiento a los padres de alumnos a la objeción de
conciencia
EL PAÍS - Sociedad - 18-07-2006
La Iglesia y el PP advirtieron ayer del "riesgo de adoctrinamiento" que, a su juicio, supone estudiar de forma obligatoria la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Así lo expresó el líder del PP, Mariano Rajoy, invitado por el cardenal Antonio Cañizares a un curso de verano que él mismo dirige en la Universidad Rey Juan Carlos. Cañizares dijo que esa asignatura, que se estudiará en algunos cursos de primaria y secundaria, puede ser el medio para que el Estado "imponga una formación moral al margen de los padres y los centros educativos".
La Iglesia y el PP tiene posturas coincidentes en lo que respecta a esta nueva asignatura, prevista en la Ley Orgánica de Educación (LOE) aprobada recientemente. En ella se abordarán cuestiones ético cívicas, conocimientos sobre la paz, los regímenes democráticos, el funcionamiento de las instituciones, la multiculturalidad, las diversas religiones, y también se tratarán las múltiples familias que ahora configuran el panorama social.
Nada que objetar, opinan los conservadores, salvo que la asignatura será obligatoria para todos los alumnos en algunos cursos. "Tal y como está planteada podría convertirse en un instrumento para transformar la ideología oficial de la escuela pública", dijo Cañizares. El cardenal saludó la iniciativa del Foro Español de la Familia que ha llamado a los padres a negarse a que sus hijos estudien dicha asignatura. Lo que "ha de quedar claro", dijo es que la Educación para la Ciudadanía, "no se convertirá en un medio de adoctrinamiento obligatorio".
Rajoy abundó en ese extremo: "Supone la pretensión de nuestro Gobierno de imponer una asignatura que tenga como objeto configurar un modelo determinado de ciudadano. Sería un grave error". "Tanto el laicismo como los fundamentalismos religiosos son enemigos de la libertad y, si logran imponerse, conducen inexorablemente al totalitarismo", añadió.
Ayer se reunieron el Gobierno y la Iglesia para hablar sobre los profesores de Religión en las escuelas. Como el anterior, este encuentro se calificó de "cordial" por ambas partes. Los representantes de la Conferencia Episcopal destacaron la "buena voluntad" del Ministerio de Educación para cumplir los Acuerdos de la Santa Sede y se refirieron a la reunión como "un pequeño paso importante" donde "se han acercado posturas", dijeron. Satisfacción moderada.
Educación se ha comprometido a entregarles el decreto que regulará con detalle la situación de los profesores de religión y se reunirán de nuevo en septiembre. Fuentes del ministerio recordaron que los profesores de Religión, tras la aprobación de la LOE, están bajo la protección del Estatuto de los Trabajadores. Pero cada curso la Iglesia decide si renueva o no a sus profesores. Y el próximo no será distinto. Sólo a partir de 2007-2008 las plazas se adjudicarán ya en virtud de la igualdad, el mérito y la capacidad, tal como desarrollará el decreto.
Cabrera presenta el borrador de la asignatura
Educación para la Ciudadanía, que será evaluable
El Ministerio se reúne con una veintena de organizaciones sociales para fijar el
currículum, los objetivos y la evaluación de esta materia
Educación para la Ciudadanía. Sobre el currículum
ELPAIS.es - Sociedad - 06-06-2006
La dimensión humana de la sexualidad, el respeto a las opciones laicas o religiosas de los ciudadanos y el pluralismo moral son algunas de las cuestiones que formarán parte del currículum de la nueva materia de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, creada por la Ley Orgánica de Educación (LOE), según recoge el borrador de esta asignatura presentado hoy por el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) a una veintena de organizaciones sociales en una reunión para fijar el currículum, los objetivos y la evaluación de esta materia. El director general de Educación, Formación Profesional e Innovación Educativa, José Luis Pérez Iriarte, ha avanzado que será "será evaluable".
En concreto, para el currículum del tercer ciclo de Educación Primaria, el Ministerio propone tres bloques formativos: individuos y relaciones interpersonales, convivencia y relaciones con el entorno y vivir en sociedad. Sus contenidos versarán sobre la libertad y la responsabilidad en la toma de decisiones, los derechos del niño, el reconocimiento y aprecio de las diferencias de género, la expresión y el control de las emociones, la identificación de rasgos de diversidad cultural y religiosa, principios de convivencia establecidos por la Constitución y hábitos cívicos, entre otros.
Para uno de los tres primeros cursos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), se apuesta, en sus cinco bloques, por enseñar acerca de la dimensión humana de la sexualidad, la valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sexistas, participación en la escuela, Declaración Universal de los Derechos Humanos, respeto a las opciones laicas y religiosas de los ciudadanos, funcionamiento de los regímenes democráticos, bienes comunes, racismo y violencia, respeto y cuidado del medio ambiente, la circulación vial, el consumo racional y los conflictos del mundo actual. Preparación para debates, exposición de opiniones, evaluación crítica y búsqueda de información estarán en los contenidos comunes.
Sentimientos y emociones
En cuarto de ESO, se formará a los estudiantes sobre los interrogantes del ser humano, los sentimientos y emociones en las relaciones interpersonales, las teorías éticas, el pluralismo moral, instituciones democráticas, valores constitucionales, factores que generan problemas a distintos colectivos, la globalización, dignidad de la persona, causas, factores y alternativas a la discriminación de las mujeres, entre otras cuestiones. Los contenidos comunes a los cinco bloques de este curso tratarán el reconocimiento de los sentimientos propios y ajenos, la exposición de juicios, el análisis de la información de la prensa y el reconocimiento de las injusticias.
En todos los cursos de esta materia, que será evaluable y computable, estos contenidos tienen su triple dimensión de contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales, según ha explicado Pérez Iriarte al término del encuentro con estas entidades. "Se trata de transmitir un cuerpo de conocimientos que permita manejarse en el conjunto de la ciudadanía pero sobre todo de educar en comportamientos y actitudes propios de la educación ciudadana", ha dicho.
Entre las organizaciones con las que el MEC ha negociado hoy el diseño de la nueva asignatura están Amnistía Internacional, Asociación Pro Derechos Humanos, Asociación Universitaria de Profesores de Didáctica de las Ciencias Sociales, Cáritas, Coordinadora de ONGs para el Desarrollo, Intermón-Oxfam, Federación Española de Religiosos de Enseñanza y Fundación Luis Vives. No obstante, las conversaciones con éstas y otras instancias sobre esta disciplina para "simplificar" contenidos y "ahondar" en los procedimientos metodológicos proseguirán, tal y como ha recalcado Iriarte.
Por ello, el MEC se reunirá mañana con representantes del Ministerio de Defensa, los institutos de la Mujer y de la Juventud y la Dirección General de Tráfico y el viernes con la Confederación Española de Centros de Enseñanza. "Nos reuniremos con todo aquel que quiera decir algo al respeto", ha concluido este representante ministerial en respuesta a críticas de algunos miembros del sector educativo, que solicitaron ser escuchadas en esta cuestión.
El Senado aprueba que la asignatura de religión sea evaluable
EL PAÍS - Sociedad - 23-03-2006
El Pleno del Senado aprobó esta madrugada el proyecto de Ley Orgánica de Educación (LOE) con una enmienda del PP para que la enseñanza de religión tenga distintas opciones "confesionales y no confesionales" y se impartan en condiciones académicas "iguales a todos los efectos" con el resto de materias.
Entre otras enmiendas incorporadas con la oposición del PSOE y Entesa Catalana de Progrés, se suprime Educación para la Ciudadanía en Primaria, según propuesta del BNG, y se establecen pruebas extraordinarias de acceso a la función pública para los docentes interinos y se constituye un Fondo de Cohesión Interterritorial Educativa, según sendas enmiendas del PP.
El Senado remitirá el texto legislativo modificado al Congreso, que decidirá sobre las modificaciones antes de que la ley quede aprobada definitivamente por las Cortes Generales.
La polémica de la transmisión de valores
EL PAÍS - Sociedad - 14-07-2006
La "causa profunda" del malestar mostrado por la Conferencia Episcopal y por las patronales católicas ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos radica en que, "por primera vez en la historia de España, el Estado asume la transmisión de valores, una tarea que hasta ahora correspondía casi en exclusiva a la Iglesia Católica", asegura Victorino Mayoral, presidente de la Fundación CIVES. Ésta es una de las entidades consultadas por el Ministerio de Educación y que la pasada semana organizó en Madrid el primer Congreso Europeo para la Ciudadanía.
Para Mayoral, el origen del conflicto que probablemente se avecina estriba en que "ellos ven que se les ha acabado el monopolio" de la transmisión de valores desde un punto de vista "confesional católico". Por eso, Mayoral entiende que la nueva asignatura es una auténtica revolución educativa, "la mejor aportación de la LOE", que determinará los principios comunes de convivencia y dará como resultado "mejores ciudadanos en el futuro. Mejores españoles".
Lo contrario opina el cardenal primado de Toledo, Antonio Cañizares, quien recientemente advertía de que "el problema está en la concepción educativa que hay detrás de la LOE". El prelado insta a los padres a que "no permitan que sus hijos sean educados por otros".
Isabel Bazo, presidenta de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), cree en esta línea que la moral "es algo que no se debe evaluar en el colegio". "¿Cómo se examina en septiembre un niño suspendido en junio por no compartir los valores morales del profesor de Educación para la Ciudadanía?", se pregunta. Mayoral sale al paso de esta reflexión recordando que "resulta cínico que cuestionen precisamente esto quienes se han pasado la vida evaluando la moral del catecismo".
Ante semejante disparidad de criterio, Alejandro Tiana, secretario general de Educación, sabe que una de las claves está en "formar muy bien a los profesores y detallar los contenidos" para que, en la práctica, no se traicione "el espíritu" de la asignatura, que es la convivencia pacífica en el respeto a los demás.
Eugenio Nasarre, ponente del PP en la Comisión de Educación, vaticinó una confrontación a cara de perro durante el debate parlamentario. "El Estado no puede extralimitarse ni imponer su modelo de moral social. Habrá un gran malestar y una nueva división en la escuela", aseguró este responsable.
Los
escolares aprenderán los distintos tipos de familia en una nueva asignatura
La patronal CECE advierte de que editará sus propios libros de texto al margen
de la LOE
EL PAÍS - Sociedad - 14-07-2006
Los niños españoles aprenderán en el colegio, a partir de los diez años, que tener dos papás o dos mamás es tan normal como pertenecer a una familia tradicional. Así lo recoge el último borrador de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que Educación acaba de remitir a las comunidades autónomas. La innovadora recomendación para que se explique a los escolares que no existe un único tipo de familia, sino varios, incluida la homosexual, responde a una iniciativa parlamentaria aprobada el 21 de junio. Las dos principales patronales de enseñanza (FERE y CECE) han mostrado su rechazo. Esta última ha advertido de que editará sus propios libros de texto al margen de este aspecto de la LOE, en una lucha "sin cuartel" contra una asignatura que traslada al Estado la responsabilidad máxima en la transmisión de valores.
La polémica que suscitó la aprobación de la ley de matrimonios homosexuales podría repetirse en este aspecto del desarrollo de la Ley Orgánica de Educación (LOE), cuya entrada en vigor está prevista para el curso 2007-2008.
La asignatura Educación para la Ciudadanía es uno de los principales compromisos educativos del Gobierno, según afirmó en su día la ministra, Mercedes Cabrera, y reitera ahora el secretario general de Educación, Alejandro Tiana. Responde a una recomendación de la UE para paliar el "déficit democrático" que se observa en la Unión: en los países del Este por la anterior ausencia de democracia y en el resto por la apatía y el desinterés de los ciudadanos. Esta asignatura, que será obligatoria y equiparada en importancia a Lengua o Matemáticas, trata de enseñar a los escolares el funcionamiento y valor de las instituciones, así como la conveniencia de participar en ellas y ser críticos con los gobernantes. Ya funciona como materia autónoma en Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia e Irlanda, y como transversal -diluida en otras áreas- en otros países europeos. En España, añade Tiana, se ha impartido en parte de forma transversal, un sistema que ahora se cambia "porque hemos comprobado que no funciona".
Pero Educación para la Ciudadanía aborda también la transmisión de valores morales y, dentro de ellos, la tolerancia y el respeto al diferente como eje central. Y es aquí donde comienzan los problemas. Para el Gobierno, no basta con ser considerado con las personas de otro sexo, raza o religión. La igualdad implica también el reconocimiento pleno de cualquier opción sexual sin discriminación de ningún tipo. Alejandro Tiana lo explica: "Es necesario que los niños comprendan cómo está organizada la sociedad en la que viven y dentro de ella existen varios tipos de familia: biparentales, monoparentales y homosexuales. Negarlas es negar la realidad".
En el primer borrador, presentado por la ministra el pasado 6 de junio, la redacción era más ambigua: "Contenidos: Familia y relaciones entre hombres y mujeres". La mención en este segundo borrador de la expresión "la familia y sus distintos tipos" está en consonancia con la proposición no de ley, aprobada en la Comisión de Educación del Congreso el pasado día 21, sobre el "establecimiento de medidas para el reconocimiento de la diversidad afectivo-sexual en el sistema educativo". En la exposición de motivos, el Grupo Socialista argumenta que "la igualdad legal no es suficiente". "Entre los alumnos hay homosexuales y el sistema tiene que dar una respuesta escolar", argumentó Luis Tomás en la comisión. Este diputado por Málaga asegura que "solo con paliar el sufrimiento que supone recordar a este tipo de alumnos que son diferentes ya justificaría la medida". Lo contrario le parece "cruel" a este profesor de secundaria.
No opina lo mismo el secretario general de la Federación España de Religiosos de Enseñanza (FERE-CECA), Manuel de Castro, quien señala: "Se empieza reconociendo que los homosexuales son una familia más y terminamos admitiendo como familia a un hombre con tres mujeres". Matiza que el resto de la asignatura, "sin ser un ideal", sí es "razonable". Mucho más beligerante se muestra la otra patronal, la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), que representa entre otros a los colegios religiosos ultraconservadores. A sus representantes les produce rechazo que Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos vaya más allá del aprendizaje de conocimientos y entre en "actitudes y valoraciones morales". El director del Instituto de Técnicas Educativas de la CECE, Mariano del Castillo, muy irritado con este proyecto, vaticina "conflictos" tanto entre las familias con los profesores como de éstos entre sí: "En religión se enseñarán unos valores y en Educación para la Ciudadanía, los contrarios", dice. Está convencido de que el Gobierno no dará marcha atrás. Por eso advierte: "Imprimiremos nuestros propios libros de texto". La ausencia de control previo sobre los textos hace posible esta iniciativa, sujeta al criterio de una comisión que, a posteriori, vele por el cumplimiento del "espíritu de la LOE", según Alejandro Tiana. Esta asignatura se impartirá en el último ciclo de Primaria y en parte de Secundaria.
TRIBUNA: FERNANDO SAVATER: En defensa propia
Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.
EL PAÍS - Opinión - 12-08-2006
Aunque el trazo grueso y la exageración truculenta son el pan nuestro de cada día en los comentarios políticos de los medios de comunicación españoles, las descalificaciones que ha recibido la proyectada asignatura de Educación para la Ciudadanía superan ampliamente el nivel de estridencia habitual. Los más amables la comparan con la Formación del Espíritu Nacional franquista y otros la proclaman una "asignatura para el adoctrinamiento", mientras que los feroces sin complejos hablan de "educación para la esclavitud", "catecismo tercermundista" y lindezas del mismo calibre. Muchos convienen en que si entra en vigor esta materia, el totalitarismo está a la vuelta de la esquina: como una imagen vale más que mil palabras -en especial, para los analfabetos, claro-, el suplemento piadoso Alfa y Omega del diario Abc ilustraba su denuncia de la Educación para la Ciudadanía con una fotografía de un guardia rojo enarbolando el librito también bermejo del camarada Mao. En fin, para qué seguir.
Con tales planteamientos, no puede extrañar que algunos clérigos y otros entusiastas recomienden nada menos que la "objeción de conciencia" docente contra semejante formación tiránica (desde que no hay leones en la arena, los voluntarios para el martirio se van multiplicando). Quienes abogamos desde hace años profesionalmente -es decir, con cierto conocimiento del tema- por la inclusión en el bachillerato de esta asignatura que figura en los programas de relevantes países democráticos europeos podríamos sentirnos ofendidos por esta retahíla de dicterios que nos pone quieras que no al nivel abyecto de los sicarios propagandistas de Ceaucescu y compañía. Pero lo cochambroso y raído de la argumentación empleada en estas censuras tremendistas demuestra que su objetivo no es el debate teórico, sino el más modesto de fastidiar al Gobierno y halagar a los curas integristas, por lo que haríamos mal tomándolas demasiado a pecho.
La objeción más inteligible contra esta materia viene a ser que el Estado no debe pretender educar a los neófitos en cuestiones morales porque ésta es una atribución exclusiva de las familias. Como ha dicho monseñor Rouco, la asignatura culpable no formaría a los estudiantes, sino que les transmitiría "una forma de ver la vida", que abarcaría "no sólo el ámbito social, sino también el personal". Francamente, no me resulta fácil imaginar una formación educativa que no incluya una forma de ver la vida, ni una educación de personas que omita mencionar la relación entre la conciencia de cada cual y las normas sociales que comparte con su comunidad. Pero de lo que estoy convencido es de que la enseñanza institucional tiene no sólo el derecho sino la clarísima obligación de instruir en valores morales compartidos, no para acogotar el pluralismo moral, sino precisamente para permitir que éste exista en un marco de convivencia. Los testigos de Jehová tienen derecho a explicar a sus hijos que las transfusiones de sangre son pecado; la escuela pública debe enseñar que son una práctica médica para salvar vidas y que muchas personas escrupulosamente éticas no se sienten mancilladas por someterse a ellas. Los padres de cierta ortodoxia pueden enseñar a sus hijos que la homosexualidad es una perversión y que no hay otra familia que la heterosexual; la escuela debe informar alternativamente de que tal "perversión" es perfectamente legal y una opción moral asumible por muchos, con la que deben acostumbrarse a convivir sin hostilidad incluso quienes peor la aceptan.
Los alumnos deben saber que una cosa son los pecados y otra los delitos: los primeros dependen de la conciencia de cada cual; los segundos, de las leyes que compartimos. Y sólo los fanáticos creen que no considerar delito lo que ellos tienen por pecado es corromper moralmente a la juventud. Por otro lado, es rotundamente falso que la moral sea un asunto estrictamente familiar: no puede serlo, porque nadie vive solamente dentro de su familia, sino en la amplia interacción social, y no serán sólo sus parientes quienes tengan
que soportar su comportamiento. Hace tiempo escribí que las democracias deben educar en defensa propia, para evitar convertirse en semillero de intransigencias contrapuestas y de ghettos incomunicados de dogmas tribales. Nada veo hoy en España ni en Europa que me incline a cambiar de opinión.
Resulta verdaderamente chocante que la oposición considere la Educación para la Ciudadanía un instrumento doctrinal que sólo puede beneficiar al Gobierno. Deberían ser los más interesados en preparar futuros votantes bien formados e informados que no cedan a seducciones demagógicas. En un artículo que analiza muy críticamente la situación política actual en nuestro país ("Cómo se estropean las cosas", Abc, 18/7/06), Álvaro Delgado-Gal se pregunta: "¿Estamos los españoles educados democráticamente? La pregunta es pertinente, ya que la buena educación democrática no se adquiere así como así, ni florece, como las malvas, en terrenos poco trabajados". No parece por tanto que tronar contra la asignatura que pretende remediar estas carencias sea demasiado lógico.
Al menos los críticos deberían distinguir entre la necesidad de este estudio, que es evidente, y la orientación temática que finalmente reciba, sobre la que puede haber mayores recelos y objeciones. En cualquier caso, la menos válida de éstas es sostener que cada familia tiene el monopolio de la formación en valores de sus vástagos... mientras se expresa preocupación por la posible apertura de escuelas de orientación islámica en nuestro país. O nos preocupa el silencio de Dios o nos alarma el guirigay de los dioses, pero todo a la vez, no. Los mismos que reclaman homogeneidad entre los planes de estudio de las diferentes autonomías no pueden negar al ministerio su derecho a proponer un común denominador ético y político en que se base nuestra convivencia. También por coherencia, quienes exigen a Ibarretxe que sea lehendakari de todos los vascos y no sólo de los nacionalistas no deberían censurar que Gallardón se comporte como alcalde de todos los madrileños y no sólo de los heterosexuales. Por lo tanto, produce cierta irritada melancolía que el líder de la oposición, tras una conferencia en unos cursos de verano dirigidos por el cardenal Cañizares, afirmase (según la prensa) que "la laicidad y la Educación para la Ciudadanía llevan al totalitarismo". Vaya, hombre: y seguro que la electricidad y el bidé son causantes de la decadencia de Occidente.
Sin duda, hay muchos malentendidos en torno a la asignatura polémica que deberán ser cuidadosamente discutidos. Como vivimos en una época enemiga de las teorías, cuyo santo patrono es Campoamor ("nada es verdad ni mentira, todo es según el color..., etc."), es de temer que predomine ante todo el afán práctico de lograr comportamientos recomendables. Pero a mi juicio, la Educación para la Ciudadanía no debería centrarse en fomentar conductas, sino en explicar principios.
Para empezar, en qué consiste la ciudadanía misma. Podríamos preguntárselo a los inmigrantes, por ejemplo, pues lo que vienen a buscar en nuestros países -sean más o menos conscientes de ello- no es simplemente trabajo ni aún menos caridad o amparo, sino precisamente ciudadanía; es decir, garantía de derechos no ligados a la etnia ni al territorio sobre los que poder edificar su vida como actores sociales. Los neófitos oyen hablar a todas horas de las carencias de nuestro sistema, pero no de sus razones ni de la razón de sus límites. La ciudadanía exige constituir un "nosotros" efectivo que no sea "no a otros", por utilizar el término propuesto antaño por Rubert de Ventós. Ser ciudadano es estar ligado con personas e instituciones que pueden desagradarnos: obliga a luchar por desconocidos, a sacrificar nuestros intereses inmediatos por otros de gente extraña pero que pertenece a nuestra comunidad, y a asumir como propias leyes que no nos gustan (por eso es imprescindible intervenir en política, ya que luego el "no en mi nombre" es un subterfugio retórico y equívoco). Vivir en democracia es aprender a pensar en común, hasta para disentir: algo que con la moda actual de idolatrar la diferencia no resulta precisamente fácil ni obvio.
No soy de los que dan por hecho el despedazamiento de España a corto plazo, pero la verdad es que también veo apagarse más luces de las que se encienden. Con una izquierda cautiva de los nacionalistas y una derecha cautivada por los obispos, la imbecilización política del país es más que probable. Afortunadamente, gran parte de la ciudadanía no se siente obligada al cien por cien a alinearse con unos o con otros. Hay votantes del PSOE que consideran injustificable la mesa de partidos que nadie se molesta en justificar y votantes del PP que prefieren el teléfono móvil a las palomas mensajeras, a pesar del comprobado parentesco de éstas con el Espíritu Santo. A los hijos de todos estos relapsos les vendrá muy bien aprender Educación para la Ciudadanía, aunque no sea la panacea mágica de nuestros males. Para tantos otros, ay, llega la asignatura demasiado tarde.
La
asignatura de ciudadanía será evaluable y tendrá el mismo peso que las otras
materias
La disciplina incluye contenidos de ética, igualdad, valores constitucionales y
educación vial
CARMEN MORÁN - Madrid
EL PAÍS - Sociedad - 07-06-2006
Los alumnos tendrán que estudiar al menos dos horas semanales de la nueva asignatura de educación para la ciudadanía en tres cursos, 5º o 6º de primaria y dos de secundaria. En 4º de ESO se impartirá junto a los contenidos de ética. La nueva materia, evaluable y que contará para repetir curso, cobrará así el mismo peso que las otras materias y deberá impartirse durante un número de horas mínimo similar al que el ministerio exige para matemáticas o lengua, aunque las comunidades añaden muchas más. Entre sus contenidos figuran, aparte de ética, valores constitucionales, igualdad, medio ambiente y educación vial.
La Ley Orgánica de Educación (LOE) recién aprobada incluye una nueva asignatura que deberán estudiar los alumnos en 4º o 5º de primaria y, con distinta denominación, pero parecidos contenidos, en dos cursos de secundaria. La educación para la ciudadanía y los derechos humanos, que así es su nombre completo, no se ha librado de la polémica en el debate de la ley. Y aún hoy algunos opinan que será una materia para "adoctrinar" al alumnado, mientras otros preferirían que sus contenidos impregnaran todo el programa escolar sin necesidad de articularse en una asignatura evaluable, como será.
El borrador que ayer presentó la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, a diversas asociaciones, católicas, laicas, ONG, pro derechos humanos, patronales educativas, colectivos vinculados a sindicatos y otras organizaciones pedagógicas, incluye contenidos sobre democracia y participación ciudadana, medio ambiente, igualdad entre sexos, educación vial, solidaridad y multiculturalidad que se estudiarán por bloques en los distintos cursos.
Esta materia se tendrá que impartir en 5º o 6º de primaria (a los 10 u 11 años), en uno de los tres primeros cursos de primaria (entre los 12 y los 14 años) y también en 4º de ESO (a los 15 años), curso en el que se denominará educación ético-cívica (que sustituye a la actual materia de ética). Los responsables del ministerio explicaron ayer que, "lo normal" es que esta asignatura se imparta dos horas a la semana en los tres cursos en los que establezca, sin prejuicio de que las comunidades autónomas añadan o resten horas de estudio para la materia, como lo hacen con el resto de las asignaturas. De hecho, para matemáticas o lengua, los contenidos mínimos que impone el Gobierno apenas pasan de las dos horas semanales, pero estas materias se imparten en todos los cursos de la ESO y con un horario sustancialmente ampliado en las comunidades autónomas. Las horas mínimas de cada materia las establece el ministerio en el real decreto de enseñanzas mínimas.
Cabe pensar, sin embargo, que otras materias, que ya no se impartirán todos los cursos de la ESO como ocurría antes -música, la plástica y la tecnología, previsiblemente- cedan terreno para incorporar esta otra materia.
Se prevé que sean los profesores tutores los que enseñen esta asignatura en primaria y los de historia y filosofía en secundaria. Éstos últimos son los que tradicionalmente se han encargado de la asignatura de ética, que, con contenidos similares a los de educación para la ciudadanía, seguirá impartiéndose en el último curso de la educación secundaria obligatoria. Entre los contenidos de educación para la ciudadanía recogidos en el borrador para la secundaria se recoge la educación para la igualdad entre hombres y mujeres con una "valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sexistas". También se hablará del "respeto a las opciones laicas o religiosas de los ciudadanos y de la "conquista de los derechos de las mujeres"; la convivencia entre culturas, el racismo, la violencia y el diálogo como solución a los conflictos así como el consumo racional son parte de los contenidos a estudiar.
Temas, todos ellos, en los que se insiste en 4º de ESO, cuando se estudie educación ético-cívica, un curso en el que se pretende que los alumnos adquieran conocimientos democráticos, valores constitucionales y de participación ciudadana. A esta edad, la igualdad entre sexos se aborda con más detalle a través del estudio de la nueva ley integral contra la violencia de género y de las causas y factores que conducen a la discriminación de las mujeres.
Lo que se ha perdido respecto a un borrador inicial que planteó el anterior gabinete de Educación, es el patriotismo constitucional, como principio básico de la asignatura. Tampoco aparecen ahora los contenidos sobre bioética o de modificación genética que se recogían entonces, ni tan detalladas menciones a las distintas religiones y sus características.
El Ministerio ha recordado en ocasiones que no es original que la educación en valores se concentre en una asignatura. Hay ejemplos, dicen, en países como Finlandia, Dinamarca, Suecia o Francia, que, además de una asignatura tienen estos contenidos en todo el programa escolar.
La nueva asignatura nace, sin embargo, sin el apoyo del principal grupo de la oposición, que considera que servirá para "adoctrinar" y que, en ocasiones la han comparado con la antigua materia franquista de formación del espíritu nacional.
TRIBUNA: FRANCISCO J. LAPORTA La ironía de la educación ciudadana
Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.
EL PAÍS - Opinión - 16-08-2006
Acabo de dar un curso a profesores de enseñanza primaria sobre esa nueva materia denominada educación para la ciudadanía. En el desbarajuste de gritos y concentraciones que han acompañado a la discusión de la nueva ley de educación, a nadie se le ha ocurrido decir a los responsables de su enseñanza en qué iba a consistir aquello. Las peleas políticas y las manifestaciones callejeras, como cualquiera pudo sospechar desde el principio, no versaban en realidad sobre cómo se educaba a los chicos, sino sobre cómo se repartía el dinero y el poder. Dejar estas concupiscencias a un lado nos permitirá por ello entrar en el fondo de la cuestión un poco más despejados.
Contra lo que se viene afirmando, la educación para la ciudadanía no es un invento circunstancial de un partido que tiene el oculto designio de indoctrinar a nuestros hijos, sino una materia que se ha impuesto en casi todos los países europeos. El proceso en Inglaterra ha sido un modelo: acuerdo entre partidos, comité de especialistas presidido por Bernard Crick y un informe soberbio que fue presentado al speaker de los Comunes en septiembre de 1998. Empieza así: "Advertimos unánimemente a la Secretaría de Estado de que la enseñanza de la ciudadanía y la democracia, construida en un sentido amplio que definiremos, es algo tan importante para las escuelas y la vida de la nación que tiene que haber una exigencia legislativa a los colegios para que aseguren que forma parte de la capacitación de todos los alumnos". Al mismo tiempo, la Unión Europea desarrolló el proyecto Educación para la ciudadanía democrática, que acabó por expresarse en el llamado Informe Euridice. En él se dice: "En los últimos años, el fomento de la cohesión social y de una mayor participación activa de los ciudadanos en la vida política y social se ha convertido en un tema clave en todos los países europeos. Se ve a la educación para la ciudadanía como un medio de hacer frente a los desafíos del siglo XXI". Sólo la ignorancia o la mala fe, por tanto, pueden sustentar las insidias que destila nuestra castiza derecha educativa. Pero lo más dañino de esa actitud es que crea una atmósfera polucionada en la que se hace difícil introducir críticas serias y preocupaciones genuinas.
El proceso que hemos seguido en España para incorporar la materia al currículo educativo ha sido justamente el contrario del inglés: desacuerdo vociferante entre partidos, arbitrismo e improvisación por parte de colegas aislados y ausencia casi absoluta de documentación. Para tratar de paliar un poco la falta de probidad de los unos y la falta de fundamento de los otros convendrá ponerse a hablar de la cuestión. Hay ya alguna gente trabajando entre nosotros. Quisiera unir mi voz a ellos para transmitir una perplejidad que me ha suscitado mi experiencia.
De acuerdo con algunos de los más autorizados especialistas, la educación para la ciudadanía sólo será útil si cumple estas dos condiciones: en primer lugar, no ha de transformarse en una asignatura más con meros contenidos informativos que los chicos tengan que aprender pasivamente para ser evaluados en ella, pues ello sólo incrementaría el currículo sin alterar necesariamente sus hábitos y actitudes. En segundo lugar, debe concentrarse adecuadamente en un cuerpo de conceptos y valores que, por así decirlo, sean el cimiento en el que se sustenta. La noción de ciudadanía es una constelación muy compleja de valores, derechos, virtudes, instituciones y procedimientos que descansan en unos pilares básicos. Estos principios son los que hay que vivir cotidianamente en el colegio para que el proceso educativo logre hacer mejores ciudadanos. Ello quiere decir que hemos de crear en los chicos hábitos y actitudes que hagan vivos, por así decirlo, esos valores que sirven de fundamento a la ciudadanía. Sólo después aparecerá como algo natural el buen ciudadano. Cómo se crean esos hábitos y cuáles sean esos valores subyacentes a la condición de ciudadano son incógnitas no menores sobre las que mucho me temo que no nos hemos parado a pensar. Hemos hecho lo de siempre: se las hemos endosado a maestros y profesores. Un lastre más que hemos soltado sobre ellos siguiendo la práctica al uso de eludir nuestras responsabilidades.
En efecto, a profesores y a centros de educación les estamos pidiendo ya con una insistencia que hace presagiar lo peor que se ocupen de nuestros hijos antes, extendiendo la etapa infantil has-ta los límites mismos de la lactancia, y que se ocupen de ellos siempre, también en los periodos vacacionales, en los que necesitamos que se mantengan abiertos los centros para depositar, aparcar o almacenar allí a los niños del barrio. Lo de que vengan a comer a casa es, por supuesto, inimaginable. Al paso que vamos, la familia esa de que tanto habla de oídas nuestro clero reaccionario va a convivir con sus hijos los festivos y veinte días de vacaciones. El resto será el mero dormir bajo el mismo techo. Durante la vigilia les atenderá el maestro, al que ahora, además, encargamos la tarea nueva de la educación ciudadana. ¿Cómo se las compondrá para ello? Pues difícilmente. Las condiciones en que desarrolla heroicamente su labor no invitan precisamente al optimismo. De ahí mi preocupación.
Al contrario que aquellos que se han figurado que los niños serán buenos ciudadanos si se saben la Constitución, las listas de derechos humanos y el procedimiento electoral, yo organicé mi curso sobre la base de eso que he llamado pilares previos. Estoy convencido de que tienen razón quienes dicen que los ciudadanos mejores son aquellos que han desarrollado el hábito de actuar de acuerdo con virtudes básicas. Consecuente con ello, convoqué a algunos colegas especialmente dotados para explicar en qué consisten, entre otras, las siguientes cosas: actuar en libertad, respetar las reglas, razonar y negociar, ser responsable, reconocer la autoridad, practicar la tolerancia y valorar el medio ambiente.
Entiendo que el buen ciudadano es aquel que sabe hacer uso de su libertad, se conduce de acuerdo con las reglas vigentes, ha excluido la solución violenta de los conflictos, es capaz de argumentar y pactar los desacuerdos, asume las consecuencias de sus acciones, valora y acepta la autoridad aunque esté siempre vigilante de